PONTIFICIUM OPUS A SANCTA INFANTIA
PAULINA JARICOT
“Amadísimos hermanos y hermanas, María Paulina, joven atenta
a la voz del Espíritu, anticipó proféticamente lo que el magisterio pontificio y
el concilio ecuménico Vaticano II subrayarían después, destacando el carácter
misionero de todo el pueblo de Dios y la contribución específica que los laicos
están llamados a dar a la actividad evangelizadora de la Iglesia.
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A ejemplo de esta mujer valerosa, estáis llamados hoy a impulsar una cooperación
cada vez más fraterna entre las Iglesias, suscitando y formando numerosos
colaboradores para la causa misionera. Infundid en ellos el celo por el anuncio
del Evangelio y el deseo de apoyar el compromiso de las jóvenes Iglesias. Esta
cooperación será eficaz si está sostenida incesantemente mediante la oración,
los sacrificios y la búsqueda constante de la santidad. Sólo esta atmósfera de
tensión espiritual y apostólica podrá establecer las condiciones para el
desarrollo de numerosas vocaciones misioneras y para el apoyo generoso a las
actividades misioneras” . |
(SS. Juan Pablo II, Discurso a los participantes a la
Asamblea General
de las Obras Misionales Pontificias, N°3, 15 Mayo 1997)
SANTA TERESITA DEL NIÑO
JESÚS
La figura de Santa Teresita del Niño Jesús siempre ha estado
presente en las alocuciones y mensajes de los últimos Papas. Más aun, con
ocasión del centenario su nacimiento. Aquí presentamos algunos párrafos que
consideramos muy significativos:
“De Santa Teresa del Niño Jesús todos tenemos necesidad.”
(S.S. Juan XXIII)
“Aunque fue llamada a la vida contemplativa, Teresa del Niño
Jesús vivió en plena sintonía con la realidad misionera de la Iglesia universal.
Su máximo deseo era amar y hacer amar al Señor, trabajando para la glorificación
de la Iglesia y la salvación de las almas, como afirmaba en la oración en que se
ofrecía a sí misma como víctima de holocausto al amor misericordioso.
| La experiencia de la pequeña Teresa representa un camino singular de entrega a
la causa de la evangelización, que se enraíza en el itinerario de santidad,
requisito indispensable de toda vocación misionera. Como recordé en la encíclica
Redemptoris Missio, “la vocación universal a la santidad está estrechamente
unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad
y a la misión. Esta ha sido la ferviente voluntad del Concilio al desear, “con
la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, iluminar a
todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura”. La espiritualidad
misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad” (n. 90)”.
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(SS. Juan Pablo II a los participantes a la
Asamblea General de las OMP, 15 de Mayo de 1997) (N° 4).
“Una respuesta ejemplar a la llamada universal a la
responsabilidad en la obra misionera la dió en su tiempo Santa Teresa del Niño
Jesús, de cuya muerte este año conmemoramos el centenario. La vida y la
enseñanza de Teresa corroboran el vinculo estrechísimo que existe entre misión y contemplación.
En efecto, no puede haber misión sin una intensa
vida de oración y de profunda comunión con el Señor y con su sacrificio en la
Cruz. Estar sentados a los pies del Maestro (cf. Luc 10,39) constituye sin duda
el inicio de toda actividad auténticamente apostólica. Este es el punto
de partida, pero queda por recorrer luego un largo camino, que tiene sus etapas
obligadas en EL SACRIFICIO y en LA CRUZ. El encuentro con el
Cristo “vivo” es también encuentro con el Cristo sediento, y con ese Cristo
que, clavado en la Cruz, grita a través de los siglos su sed ardiente de almas
que salvar (Cf. Jn 19, 28).
Y para saciar la sed de Dios Amor, y al mismo tiempo nuestra sed, no hay otro
medio que amar y dejarse amar. Amar, asimilando profundamente el ardiente deseo
de Cristo de “que todos los hombres se salven” (1 Tim 2,4); DEJARSE AMAR,
permitiéndole servirse de nosotros según “sus caminos que no son nuestros
caminos” (Cf. Is 55,8), para que todos los hombres, bajo todo cielo, puedan a su
vez conocerlo y alcanzar la salvación”
(Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Jornada Mundial de
Misiones 1997) (N° 5).
“Queridísimos Hermanos y Hermanas: deseo de corazón que, en los umbrales del
nuevo Milenio, la Iglesia entera experimente un nuevo impulso de empeño
misionero. Cada bautizado haga suyo y trate de vivir lo mejor posible , según su
situación personal, el programa de la santa Patrona de las misiones: “En el
corazón de la Iglesia, mi madre, seré el amor...así seré todo!”
(Mensaje del Papa Juan Pablo II para la Jornada Mundial de
Misiones 1997) (N° 7)
“Respondiendo a numerosas peticiones y después de atentos estudios, tengo la
alegría de anunciar que, el domingo de las misiones, el 19 de octubre de 1997,
en la basílica de San Pedro, en Roma, proclamaré doctora de la Iglesia a Santa
Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. He querido anunciar solemnemente ese
acto aquí, porque el mensaje de Santa Teresa, santa joven tan presente en
nuestro tiempo, es particularmente conveniente para vosotros, los jóvenes: en la
escuela del Evangelio, os abre el camino de la madurez cristiana; os llama a una
infinita generosidad; os invita a seguir siendo en el “corazón” de la Iglesia
discípulos y testigos celosos de la caridad de Cristo”.
(Mensaje de S.S. Juan Pablo II durante el Angelus,
Domenica 24 Agosto 1997) (N° 3)
“Teresa Martin, carmelita descalza di Lisieux, deseaba
ardientemente ser misionera. Y lo fue, hasta el punto de que pudo ser proclamada
patrona de las misiones. Jesús mismo le mostró de qué modo podía vivir esa
vocación: practicando en plenitud el mandamiento del amor, se introduciría en el
corazón mismo de la misión de la Iglesia, sosteniendo con la fuerza misteriosa
de la oración y de la comunión a los heraldos del Evangelio. Así, ella realizó
lo que subrayó el Concilio Vaticano II, cuando enseño que la Iglesia, por su
naturaleza, es misionera (cf. Ad gentes 2). No sólo los que escogen la vida
misionera, sino también todos los bautizados, de alguna manera, son enviados ad
gentes.”
(Homilía de SS. Juan Pablo II, Ceremonia de Proclamación
como Doctora de la Iglesia,
19 de Octubre 1997) (N° 2)
“La senda que recorrió para llegar a este ideal de vida no
fue la de las grandes empresas, reservadas a unos pocos, sino una senda que está
al alcance de todos, el “caminito”, un camino de confianza y de abandono total a
la gracia del Señor. No se ha de subestimar este camino, como si fuese menos
exigente. En realidad es exigente, como lo es siempre el Evangelio. Pero es un
camino impregnado del sentido de confiado abandono a la misericordia divina, que
hace ligero incluso el compromiso espiritual más riguroso.
Por este camino, en el que lo recibe todo como “gracia”; por
el hecho de que pone en el centro de todo su relación con Cristo y la elección
de amor; y por el espacio que da también a los afectos y sentimientos en su
itinerario espiritual, Teresa de Lisieux es una santa que permanece joven, a
pesar del paso de los años y se presenta como modelo eminente y guía en el
itinerario de los cristianos para nuestro tiempo, en el umbral del tercer
milenio.”
(Homilía de SS. Juan Pablo II, Ceremonia de Proclamación
como Doctora de la Iglesia,
19 de Octubre 1997) (N° 6)
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“QUISIERA ILUMINAR LAS ALMAS... YO TENGO VOCACIÓN DE SER APÓSTOL. YO
QUISIERA SER MISIONERA”
(Santa Teresita del Niño Jesús)
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